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orientación vocacional Los jóvenes entre la oferta y la carrera con(tra) uno mismo

Fernando Gasalla, Licenciado en Psicología. Encargado del Departamento de Orientación Vocacional y Apoyo Pedagógico de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).


Parece mentira que en la sociedad del consumo y los consumidores haya personas a las que les cueste tanto optar o decidir. Pero el primer problema para el estudiante radica allí. No se trata de ser un consumidor, sino de darse espacio como persona para elegir dentro de un proceso en el que se desarrolla la propia identidad.

Nunca como antes la oferta académica en el Nivel Terciario y Universitario fue tan apabullante y variada. A su vez, gran cantidad de casas de estudios, públicas y privadas, muestran un abanico de posibilidades que van desde las carreras tradicionales (léase Abogacía, Medicina, Arquitectura, Ingeniería, Filosofía, –sepan disculpar las omisiones-) a carreras “nuevas” o poco conocidas (algunas muy rentables), que surgen por necesidad del campo de la producción y servicios cada vez más tecnologizado, específico y, paradójicamente, complejo.

En contraposición, los jóvenes, porque de ellos hablo y no tanto de las carreras, tienen la sensación de que hoy más que nunca la sociedad dejó de ser ese terreno confiable y maleable donde echar raíces y crecer, teniendo que elegir, pero en lo mucho y variado suelen ver poco y escaso. Se les suman las incertidumbres propias de la edad, la baja autoestima y la pobre estimulación del contexto en general. Como se escuchaba decir en el Mayo del 68’, los jóvenes lo quieren todo y lo quieren ya, pero no saben qué es lo que quieren ni cómo lograrlo; aunque, a diferencia de aquella generación, las actuales se nos presentan mucho menos comprometidas e ilustradas.

En primer lugar, todo joven que deba tomar decisiones conviene que sepa “parar la pelota” y ordenar los jugadores antes de salir a la cancha, esto es, planificar y organizar la búsqueda de carrera: no es cuestión de correr ansiosamente para cualquier lado.

Elegir carrera implica reflexión y tratar de pensar, no sólo sentir la crisis y la angustia propias del cambio de etapa; para esto uno necesita un cierto tiempo y tranquilidad. No hay test que pueda dar una respuesta rápida, no hay consejo que sirva como palabra mágica y además nadie se ha muerto por tener que elegir una carrera, aunque esto sea importante y se enmarque en un proyecto de vida a mediano plazo: No sirve el dramatismo.

Más allá del acierto en la elección, las Universidades o Terciarios y Tecnicaturas todos los años abren sus puertas y esto hace que se puede cambiar o volver a elegir si es necesario: la decisión o elección de carrera no es un compromiso para siempre o del que no haya retorno.

Una vez más tranquilos y confiando un poco en la propia capacidad (al fin y al cabo no es tan “fácil” terminar el Secundario o el Polimodal por más devaluados que estén), es importante averiguar e informarse, más allá de la charla con amigos o de las pocas carreras o roles de trabajo/profesión que se conozcan. Una aproximación la dan las guías de carreras, cada vez más completas, claras y de fácil acceso.

A su vez, las Universidades tienen páginas WEB que en una primera instancia se pueden consultar o asistir a charlas de presentación de carreras que se realizan en las mismas. Es muy valioso pisar los lugares y conocer las instituciones en concreto, nada mejor para poder elegir que la experiencia directa y el analizar las impresiones que surgen.

Los colegios suelen tener talleres, gabinetes o profesores preocupados donde el joven puede preguntar y encontrar algunas referencias de mucha utilidad. El padre del miedo es el desconocimiento y, la información, como primera etapa, es muy importante. Cada estudiante tiene una experiencia de estudio y aprendizaje, más o menos lograda y es bueno que recurra a la misma. En general uno reconoce habilidades o cualidades que posee (nosotros las llamamos competencias, es decir ser competentes en algo) lo que permite circunscribir la elección de lo general a un campo de profesiones bastante definido hasta jerarquizar opciones. Así hay algunos a los que les gustan los números a otros las letras o la administración o construir, etc. De allí también conviene partir al averiguar carreras específicas.

Si las dudas son muchas se pueden consultar asesores u orientadores, incluso las Universidades suelen tener sus departamentos para eso. Es importante que el joven reflexione sobre qué presiones pueden entorpecerle la posibilidad de una decisión personal. Por ejemplo: presiones familiares, modelos de profesión que pueden marcar su historia personal, condición social y preconceptos. En esta línea de trabajo se inscribe la conflictiva relación con el mercado laboral. Los jóvenes se encuentran de golpe con el mundo adulto de la producción y se instala la premura de conseguir ingresos y autovalerse ya que no es posible, por lo menos para los más, el depender por largo tiempo de la economía familiar y el apoyo económico de los padres.

Habría dos formas de pensar la decisión: una principista y otra usando cierta forma de pragmatismo, es decir, por un lado qué quiero, me haría feliz o me realizaría y, por el otro, qué debería o me permitiría subsistir o autovalerme. Estas dos posibilidades no tienen por qué ser excluyentes, aunque muchos jóvenes suelen pensar que lo son y que no se pueden llegar a compatibilizar. El estudiar una carrera es un proyecto de mediano plazo (puede llevar de dos a diez años y requiere, ante todo, constancia). El futuro estudiante, cuando sabe esto se descorazona y suele pensar que así nunca va a tener el tan ansiado trabajo que en su vida práctica necesita. Sin embargo esto es erróneo, primero porque nada le impide al estudiante encarar una búsqueda laboral; se le puede atrasar la carrera, eso sí, pero la carrera no le impide hacer un curriculum e intentar su inserción social en el mercado. Ser estudiante es una razón social de valor al momento de la búsqueda laboral. Incluso por edad, para los puestos a los que puede postularse, tener el título le haría sobrecualificar, por lo que ser estudiante deja al joven en una buena posición para trabajos intermedios en grados de responsabilidad, cualificación y remuneración (aunque conseguir trabajo hoy es difícil, es en esta franja donde puede haber más puestos).

Es importante definir qué le gustaría a uno o en qué se sentiría cómodo y capaz pero también definir carreras que en un nivel práctico permitan incluirse en el mercado y entonces poder generar los propios recursos económicos. Tener en cuenta la presión: lo que se debe, lo prosaico y práctico de generar recursos propios: lo que se puede y lo más importante en la decisión: lo que se quiere o lo que podría a uno darle un sentido de realización personal. Es decir, tener ambiciones pero con los pies en el suelo. Una vez que se han investigado posibilidades de carreras afines con nuestras preferencias, conviene definir una terna de carreras, averiguar dónde se dictan, teniendo en cuenta calidad de la institución, prestigio, calidad de sus docentes, sin dejar de lado aspectos prácticos como ser: Tipos de ingreso (hay universidades con examen de ingreso, sin examen, con ciclos de formación o aprestamiento de un año como el Ciclo Básico Común de la U.B.A. ,seminarios de preingreso, etc.), medios de transporte, documentación a presentar y, de optar por instituciones privadas averiguar por las cuotas oaranceles. Es importante recodar que las universidades, tanto públicas como privadas, implementan planes de becas, acerca de los cuales uno se puede asesorar.

Encontrar una carrera no es fácil pero tampoco algo imposible. Hoy hablamos más de elegir -lo cual implica una búsqueda organizada y racional- que de vocación -como un llamado natural y predeterminado del espíritu- De esta manera la elección de carrera se construye y hasta se hace cada año que se cursa, es decir, se renueva, se resignifica. Al no ser un “llamado” no tenemos la posibilidad de la carrera perfecta para el estudiante perfecto, donde carrera, deseos y aspiraciones encajen perfectamente. Una carrera tiene un promedio de entre treinta y seis y cuarenta materias y no todas serán del agrado del estudiante. Analizar programas sirve, pero teniendo cierta tolerancia a la frustración porque no todo lo que se va a cursar será del propio agrado. La carrera en la vida de un estudiante es un medio y no un fin, es importante contar con apoyo y, si es necesario, con asesoramiento, pero no se trata de buscar las respuestas fuera de uno mismo, así como tampoco se trata de estudiar para insertarse en el mercado y en el mundo adulto solamente, sino también, si es necesario, transformarlo. Por eso el estudiante no debe hacer su elección vocacional con criterio cortoplacista, sino tener una visión del tiempo y objetivos más prolongados.

Una Universidad o cualquier casa de estudios no es un producto en una góndola y la búsqueda de carrera es la búsqueda del propio desarrollo intelectual, es un acto de compromiso y superación personal y por eso necesita que el futuro estudiante haga su búsqueda en forma responsable.

Por último, el joven debe decidir y hacer una experiencia en el estudio mismo, es un proceso de ensayo y error que es muy íntimo y necesario para consolidar la elección.

Ser joven en estos tiempos no es fácil (tampoco lo es ser adulto), para muchos jóvenes la elección vocacional implica una crisis personal que los afecta profundamente. Dicha crisis se enmarca en las mismas incertidumbres que el mundo adulto les presenta. No se trata ni de culpables o víctimas sino de madurar aunque al principio cueste y sea difícil. La elección de carrera implica también un tiempo para esto y, como la vida, muchas veces presenta imponderables pero también satisfacciones.

ORIENTA, Feria Virtual de orientacion vocacional




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